Hielo visceral remoto.

En comunión con la luna no necesité la excusa, deshicimos lo que podíamos mientras tu cabeza se apoyaba en mí: nudos, amarras, pelo, piernas y brazos. Deslizamos caricias inmemorables e inservibles en un bolso con recuerdos que lanzamos instantáneamente al Mapocho, deslizamos nuestras caderas en aquella banca que se extinguió bajo el fuego, apoyaste tu cabeza en un corazón que dejó de latir.
Y cuando resurgimos del vacío te sentí, nuevamente a incorporar, abandoné el vacío sin-sentido y me colmé de ti: tu sonrisa, tus palabras, tus estrepitosas intervenciones advertidas; pero la temporalidad inevitable de mis ir y venir extendieron la distancia entre nuestros núcleos. 
Te siento: hielo visceral remoto.

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