Nuevamente

Fuimos polvo, cenizas, partículas que rápidamente en suspensión se dispersaron llevándose consigo toda corporeidad alcanzada mediante la unión de nuestros cuerpos. 

Fuimos momentaneidad, suspiros, letargo; corazones inmóviles e inalterables que a este lado del puente se acoplaban dibujando armonías inaudibles desde el foco donde te posabas.

Nuevamente fui cuerpo, carne, físico resplandor; fui contenedor de nada, repleta de vacío, solo algo tangible donde existió la posibilidad de posar tus dedos, tus manos, crear ilusiones, imágenes dispersas de presente y pasado.

Nuevamente sueños rotos, ganas de golpear, gritar y llorar.

Nuevamente la estupidez, lo insensato, la inocencia.

"¡Ingenua!" me grito desde el otro lado de la habitación.

Cuerpo y alma se disocian, agrupamos recuerdos, palabras, besos, lugares. Desde aquellas zonas intrauterinas donde descansan los instintos superfluos, abrazados a la naturaleza de aquella racionalidad que permanece dormida cuando se hace necesaria, renacen nuevamente los impulsos de la soledad, aquella donde me he mantenido mediante el logro del propio amor.

Expulso sobre el fuego, me abrazo, me mimo. 

Después de todo, solo yo permito.



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