Letanía en la reminiscencia

Si me atreviese a reducir a una palabra la invasión de tu mirada, sacaría del saco la palabra penetrante.
¿De qué otra forma debiese describir la desnudez en que se sumergen mis sentidos?
Permíteme despojarme (y despojarnos) de los miedos absurdos y las convenciones manoseadas, dejar fluir la piel, permitir interiorizarme en tu cuerpo, sentir ese escalofrío que me recorre al más mínimo roce con tu ser.
Adjudícate esta exigua letanía y consiente el anhelo de esparcir por tu cuerpo este padecimiento compartido en el ósculo primero; la distención de los pretextos, el olvido del prejuicio, el reconocimiento de las ansias, tentar al deseo.

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