Estar para mí
Tu imagen desciende como lentas lágrimas, traidoras todas, rodeándome, cuestionándome, siguiendo, girando, rondando tu recuerdo; sí, ese que creí dejar olvidado en medio del desierto campo de no-frutos, de no-flores, de no-amor.
Escalo nuevamente al puente: observo en perspectiva.
¿Quieres sinceridad? Pues eso me atrevo a ofrecerte hoy.
Sí, te extraño, te pienso, te imagino, te retrato en cada calle, te pinto en cada cuaderno, te compongo de palabras y notas musicales, te dibujo en las nubes y te siento rondándome.
Pero también debo decirte que no. No te necesito, no me faltas. No me verás volver: No oirás mi risa descontrolada, no sentirás mis silencios contemplativos, no tendrás mi mano (ni nada de mi cuerpo), no escucharás mis desgastadas historias pasadas sin importancia, no tendrás mis ojos posados en ti siendo iluminados por la sucia luz de la noche. No.
¿Te cuento por qué?
Decidí estar para mí.


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