Descubriendo
Me descubría mirándote, sin miedo y sin ansias, simplemente viviendo en el gozo de un corazón que latente se mantenía inquieto ante los estímulos del mundo, de este mundo, de ti.
La mirada penetraba en cada centímetro de oscuridad al descubierto, en cada símbolo sediento de ser advertido en el paso de tu percepción.
Sintiéndonos infinitos, perfectos, ilimitados en tiempo y espacio, me dejo llevar en cada palabra susurrada al viento. El viento se demora en abrazarme, pero en cada milímetro de distancia te siento más cercano, caminando hacia el centro de un universo que espera impaciente por un roce, un tenue contacto.
Y si tus teorías y mis libertades advirtieran la existencia de este momento de seguro sus cabezas rodarían de confusión.
Somos nada y somos todo, contradictorios en totalidad, dueños del mundo, de este suspiro que nos rodea en un abrazo, de tu calor y de mis manos, de este espacio que lentamente hemos perdido porque ha sido necesario liberarlo.


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