Ovejas
La gente, dicen, cuenta ovejas para dormir. La verdad aquello nunca me ha sido fácil. Tiendo rápidamente a pensar muchas cosas respecto a las ovejas, me las imagino distintas todas y en mi decisión de cuál contar primero, más que dormirme, me despierto y me traslado a una dimensión imaginaria en la que me cuento historias de ovejas.
Hasta que un día aterrizaste. Estaba en el décimo intento de contar animales para dormir. Entonces los conejos pasaron a segundo plano.
Te contaba en historias. Te contaba como un hombre serio y preocupado por todas aquellas cosas tan grandes y pequeñas, tantas en cantidad, tan inútiles en diversión; luego te conté cantando, al tiempo en que en mis oídos repercutían las notas de tu voz, el pulso de tu corazón y el sutil compás de tus pasos; te conté recitando también, con versos agridulces y rimas carentes de cordura.
Te seguía contando incansable. Tanto me encantaba contarte que te transformaste en el delicioso motivo de mis desvelos.
Te contaba en las reuniones, en las fiestas: eras mi tema favorito. Te conté con boca y con cuerpo, con mi cuerpo cerca del tuyo intentando alcanzarte en un abrazo. Te conté con manos y con los pasos que se aceleraban si de verte se trataba. Te conté en los lugares donde te encuentro todavía, en aquellos recuerdos de besos y risas, de alcohol y bohemia.
Te conté sin prisa, esperando a que nunca te marcharas.

Hasta que un día aterrizaste. Estaba en el décimo intento de contar animales para dormir. Entonces los conejos pasaron a segundo plano.
Te contaba en historias. Te contaba como un hombre serio y preocupado por todas aquellas cosas tan grandes y pequeñas, tantas en cantidad, tan inútiles en diversión; luego te conté cantando, al tiempo en que en mis oídos repercutían las notas de tu voz, el pulso de tu corazón y el sutil compás de tus pasos; te conté recitando también, con versos agridulces y rimas carentes de cordura.
Te seguía contando incansable. Tanto me encantaba contarte que te transformaste en el delicioso motivo de mis desvelos.
Te contaba en las reuniones, en las fiestas: eras mi tema favorito. Te conté con boca y con cuerpo, con mi cuerpo cerca del tuyo intentando alcanzarte en un abrazo. Te conté con manos y con los pasos que se aceleraban si de verte se trataba. Te conté en los lugares donde te encuentro todavía, en aquellos recuerdos de besos y risas, de alcohol y bohemia.
Te conté sin prisa, esperando a que nunca te marcharas.


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