Placebo

Recordé la brisa, tu mano tomando la mía y esa sensación de que las pesadillas poseen la capacidad de esfumarse.
Recordé tu risa, tu contención, tus abrazos.
Recuerdo cuantos sueños rotos se acumulaban en mi alma en ese momento, y sentir que había una mano extendiéndose con la aptitud de hacerme bailar a pesar de los miedos era cautivante.

Estábamos rotos, tú casi tanto como yo.
Y entonces comprendí que debía sanar, que cada quien siente sus propias heridas y que aquellas noches de arena y mar solo fueron un delicioso narcótico para huir de los dolores.
Placebo de las noches sin culpa, de las mañanas sonrientes, del alma dormida y del cuerpo perdido.

Querido mío, alucinógeno o no, gracias por ser el más placentero somnífero para esta aflicción.


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